El error se acostará entre nosotros.
Miradas, sonrisas, el intento de acariciar nuestras caras. Pero algo nos lo prohibe. Porque ya no se siente lo mismo. Una cálida lagrima resbala por su mejilla hasta caer en las sábanas. Esas sábanas que aún huelen a él. Y me miró. Sus ojos producían un leve destello. Un destello que decía tanto, pero a la vez era tan vacío. Sonrie. Pero es una sonrisa forzada. Se distinguir cuando su sonrisa lo es, y cuando no. Pero sigue siendo preciosa. Yalgo en mi interior me dice, que da igual lo que se interponga, que da igual lo que haya por medio, se fuerte y superalo. Te mire, extendí el brazo, y un escalofró me recorrio la columna al rozar tu suave piel. Mi mano bajaba por tu brazo hasta acabar en tu mano. La aprieto. Muy fuerte. Si, al fin. Otra vez puedo sentir el carlor de tu cuerpo. Otra vez puedo respirar tu aire. Otra vez.. Tu, ahora, con una sonrisa sincera. Y yo, sin poder conterner las lágrimas de emoción, me acerco y te beso. Suavemente, como si intentara no hacerte daño. Como si fueras muy frágil.
Y de ahí, de nuevo ese sentimiento.
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